Reseñas

TEATRO | «2118, Tragedia Futurista» (2019)

Aunque es una obra que se sitúa 100 años en el futuro, el punto de partida de 2118, Tragedia Futurista poco tiene de ciencia ficción. Corre el año 2118 en el territorio que aún se conoce como Chile donde a través de un amplio respaldo popular ha llegado al poder la primera “presidenta anarcofeminista” en la historia (sí, lo sabemos… ya llegaremos a eso). Por supuesto las fuerzas que históricamente han detentado el poder económico no tienen interés alguno en respetar la institucionalidad cuando no les conviene, y través de diversos actos de sabotaje buscan desestabilizar el gobierno culminando en un sangriento golpe de Estado que se lleva a cabo durante el último discurso de la presidenta. Ya lo adivinaron, dicho golpe de Estado toma lugar un 11 de septiembre y termina con la presidenta muerta. Y así, mientras el fascismo lanza proclamas contra «el cáncer anarcofeminista» (tal cual), les sobrevivientes del movimiento anarcofeminista se van a clandestinidad para preparar la contraofensiva. Aquí se nos presenta a Ana, una destacada anarcafeminista la cual es encargada con la misión de viajar en el tiempo para asesinar a nueve figuras influyentes del sector conservador nacional con el objetivo de cambiar el presente. Toda esta introducción es relatada en menos de 3 minutos y a través de una cinematográfica y espectacular presentación en escena que se mantendrá a lo largo de toda la obra.

Cuando Ana comienza su viaje en el tiempo para asesinar a los nueve personajes hay un recorrido profundamente doloroso por la historia local. Genocidios, matanzas, violaciones y otros repugnantes episodios nos son arrojados una y otra vez, cada uno como un ladrillo que ha cimentado las bases de un sistema patriarcal y explotador. No importa qué tan caricaturesca te haya parecido el desarrollo de la obra, la documentación histórica que precede a la aparición de cada uno de los personajes cómplices en dichos episodios te hace hervir la sangre. De esta manera los posteriores ajusticiamientos teatrales de Ana funcionan principalmente una catarsis artística, donde el ansia por venganza es aparatosamente satisfecho en escena.

Tras el final de la historia, que no vamos a revelar, el narrador entrega a modo de epílogo un discurso que en principio suena desesperanzador. Pero como la mayoría de las distopías ésta busca ser una advertencia: de alguna manera todes buscamos cambiar el futuro, con la excepción de que Ana se veía obligada a viajar al pasado, mientras que nosotres aún tenemos las armas del presente. Cuando las luces que antes se limitaban al escenario comienzan a recorrer el público, hay una evidente invitación a romper el papel de espectador y pasar a la acción.

Pero lo que más debe inquietar a quienes estén leyendo esto sea la aparente decisión de que la obra gire en torno al anarcofeminismo. Bueno, se las haremos corta y les reventaremos la ilusión: no gira en torno al anarcofeminismo, pero entiendo su inquietud. Cuando una de las más renombradas compañías de teatro estrena una obra cuya protagonista es presentada como una “anarcofeminista”, los sentimientos pueden ser diversos. Por un lado visibilizar una anarcofeminista en una obra que claramente será vista por miles de personas puede ser positivo, pero por otro lado puede ser preocupante que personas ajenas a un movimiento estén a cargo de delinear a una de sus representantes. ¿Sabrán realmente lo que involucra el feminismo anarquista? ¿Les importará realmente?

Las principales preocupaciones de la obra parecen ser la elaborada estética visual y la interpretación cíclica de la historia como una constante batalla entre opresores y oprimides sin dar mucho espacio a matices. En ese sentido, la ideología anarcafeminista de la protagonista es tan crucial para la historia como la elección de su vestuario: nada más y nada menos que una decisión estética. Ana podría haber sido una maoísta y la trama habría transcurrido exactamente igual. Es más, teniendo en cuenta todos los guiños al golpe del ’73 habría tenido más sentido que hubiese sido una marxista-leninista (hay un momento en que Ana toma una hoz y un martillo cruzándolas por sobre su cuerpo en desafío a una de sus víctimas). Ni mencionar el evidente oximorón de la «presidente anarcofeminista», lo cual ni como metáfora tiene utilidad. Entonces, ¿por qué anarcafeminista? Transcurridos 5 minutos en la butaca queda claro que la naturaleza anarcafeminista de la protagonista no es más que una estrategia de marketing puesto que se repite en redes sociales y publicidad, pero en la obra es mencionada solo como una anécdota durante los primeros 4 minutos. Es inevitable la sensación de que el uso del término “anarcofeminista” fue pensado como simple utilería, sin mayor propósito que la radicalidad antiautoritaria como una caricatura rebelde. Un insignificante ingrediente para la sazón cyberpunk de una entrentenida obra.

Ficha Técnica

Nombre:2118, Tragedia Futurista
Duración:80 mins.
Fechas:04 al 28 de abril 2019
Miércoles a sábado 20:30 hrs. / Domingos 19:30 hrs.
Lugar:Matucana 100
Av. Matucana 100, Estación Central.
Metro Quinta Normal (L5)/Metro Estación Central(L1)
Producción:La Patogallina
Sitio web: https://lapatogallina.cl/