Artículos

Peste rosa: Algunos apuntes sobre VIH y anarquía

Tras 35 años de violencia sistemática por parte del Estado en contra de las personas en condición de VIH+, traducido en negligencias, mentiras, desinformación, faltas de coberturas, servicios precarios, muertes y un sinnúmero de situaciones lamentables y horribles propias de la desidia del poder, resulta más que urgente la acción directa y el apoyo mutuo, tácticas propia del anarquismo, para dar respuesta a esta violencia permanente.

Nuestras conductas deberían comenzar a prefigurar el mundo libre que queremos y llevar la política y la ética de los cuidados a todos lados, incluyendo nuestras sexualidades, que hoy están atravesadas por los vicios, jerarquías y violencias  del patriarcado. Debemos cuidar y cuidarnos entre nosotres, practicar el compañerismo revolucionario, aquel solidario y empático, propio de una práctica anarquista. Y eso significa pasar a la acción, significa observar la realidad, identificar las necesidades y actuar sobre ellas.

Necesitamos educación e información sobre VIH y otras ETS. Necesitamos redes de apoyo y contención propias, necesitamos infraestructura para desarrollar salud anti autoritaria y comunitaria, necesitamos socializar conocimientos y experiencias, necesitamos divulgar y expandir el cuidado mutuo y las salidas colectivas a los problemas que nos atraviesan como personas.  Necesitamos traspasar los límites de la afinidad y encontrarnos en la necesidad real, la de la lucha cotidiana por una vida mejor. Necesitamos muchas cosas.

El tema de VIH es complejo, es una “enfermedad” profundamente social y política. Es parte inseparable de la historia de la colonización de los cuerpos y territorios periféricos y explotados del mundo. Hay una continuidad histórica, inquisitiva, que flagela y humilla a los cuerpos VIH+, y aquí en el territorio dominado por el Estado de Chile, es clara y rastreable en el tiempo. Desde el ministro de Salud de Pinochet a mediados de los ’80 tranquilizando a la población diciendo que no se preocuparan pues éramos “un país decente” lo que significaba que la peste rosa que venía de afuera no entraría en nuestro heterenormado país y así, con aquella estela maldita apareció Edmundo , el primero en Chile en ser diagnosticado con “una enfermedad rara”, que inspiró la inolvidable portada “Cáncer gay llega a chile” de la prensa el 31 de julio del ’84 y dejaba claro que el responsable era “un sodomita de 38 años”, pasando por Coronel y el suicidio del joven identificado por la prensa como E.C. quien siendo el segundo diagnosticado de VIH se suicidó, luego de su traumática experiencia en el hospital y que los vecinos le quemaran la casa. Siguiendo este hilo se llega a las redadas policiales con cientos de detenidos en Antofagasta en el ’86 para empadronar a gays y detectar sidosos con tomas de muestras forzosas en comisarias, al igual que en Valparaíso, en la Divine las redadas que se repitieron junto a vigilancias policiales secretas encargadas por el Servicio Médico de Salud de la época y se puede seguir por los cuerpos de activistas enflaquecidos protestando encadenados al Ministerio de Salud comenzando los noventas para exigir acceso a terapia adecuada que fue negada y así se podría ir siguiendo, muerte tras muerte, olvido tras olvido, un largo camino de abusos y luchas impregnadas de ignorancias, prejuicios y un horrendo fundamentalismo por parte del Estado y la Iglesia y por hermosas historias de resistencia de las personas diagnosticadas, hasta llegar a hoy, a las vergonzosas cifras de transmisión actuales fruto de años de desprecio del Estado y sus instituciones.

Portada de La Tercera del 23 de agosto de 1984, informando de la muerte de Edmundo Rodríguez Ramírez.

Es ahí donde estamos y desde donde se escriben estas letras, en este tiempo y lugar, en las tierras saqueadas y violadas de América del Sur en donde el VIH ha sido y es un mecanismo de control, miedo y castigo para la población que escapa de la hegemonía de la normalidad y que resulta urgente desmontar, transformándolo en potencia transformadora integralmente, descolonizando, colectivizando y politizando la experiencia de vivir con VIH siendo explotade, pobre, sudaca, marica, lesbiana, mujer, indígena, disidente y más aún, entendiendo y valorando esta experiencia y esta lucha siendo anarquista, dentro de un escenario mayor de lucha y conflicto social.

Todo esto necesitamos. Desmontar el patriarcado, el capitalismo y al Estado. Hacernos cargo de nuestras vidas. Necesitamos escuchar(nos) cuidar(nos), proteger(nos), amar(nos), Necesitamos volver a hacer comunidad. Necesitamos anarquía.

Iniciativa Anarquista Colibrí
iniciativa.colibri@gmail.com