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Hasta la última jaula: 50 Años de liberación animal

Extraído del número 6 de la revista Contrahistoria. Papeles contra el oficialismo y el pensamiento único.

Nota sobre el lenguaje: Para la reedición de este texto hemos decidido no ceñirnos al uso del masculino como neutro, así que hemos alternado indiscriminadamente masculino y femenino. Nos parece importante encontrar y desarrollar poco a poco formas de expresarnos más inclusivas que las que nos dictan desde las instituciones, siendo conscientes de que ello exige cierto esfuerzo por parte tanto de quienes escriben como de quienes leen, pero con la convicción de que este pequeño esfuerzo merece la pena. – Ochodoscuatro ediciones

Ahora estamos lejos de ser perfectos. Nos hemos hecho daño a nosotros mismos, hemos cometido nuestros errores, pero desde este lugar también estamos lejos de dejarlo todo (…) Esta es la historia. La historia de un puñado de gente que se preocupó lo suficiente como para arriesgar su vida y su libertad por aquello en lo que cree.

Rod Coronado. Memories of Freedom

Siempre han existido personas preocupadas por las innumerables injusticias que el ser humano comete contra los demás animales. Desde los tiempos de Pitágoras en Grecia, hasta los sutiles “avances” legales logrados por la acomodada sociedad victoriana, la historia está salpicada de ejemplos de oposición a la opresión ejercida contra otras por el hecho de no pertenecer a nuestra especie (este tipo de discriminación se denomina “especismo”). Pero, más allá de los nombres de filósofos y leyes de bienestar animal, el último siglo ha sido testigo de una auténtica guerra librada en el campo del pensamiento y también en el campo de la acción. La lucha por la liberación animal aún se enfrenta al reto de ser comprendida, por lo que los métodos de difusión y las campañas para sacar a la luz pública la realidad de la explotación animal han desempeñado un papel fundamental en su historia. No obstante, el objetivo de estas páginas es recoger la evolución de los grupos de acción directa, principalmente ilegal, y cómo su esfuerzo y valentía han contribuido a salvar millones de vidas y a ocasionar grandes daños a una industria opresora y cruel.

“Hunting the hunters”: Los saboteadores de la caza

Manifestación por los derechos de los animales.
1 de marzo de 1978. Londres.

A mediados de los años 60, el Reino Unido se encontraba en un contexto “privilegiado” para que prendiera la chispa que iniciaría la verdadera acción por la liberación animal. Desde finales del siglo XIX, contaban con leyes y agrupaciones de protección animal, que realmente no se oponían a la explotación en sí, sino que promulgaban maneras más “humanitarias” de oprimir a los animales. La RSPCA (Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals) o la BUAV (British Union for the Abolition of Vivisection) tenían un gran reconocimiento social, pero se trataba de organizaciones burguesas con sus propios entramados políticos y económicos. Terminaban sirviendo como tapadera para perpetuar una situación en la que miles de individuos eran torturados en laboratorios de vivisección, mientras las clases más favorecidas se divertían en deportes sangrientos como la caza del zorro. Aquellas personas que de verdad se preocupaban por detener esta injusticia veían que el avance era demasiado lento, y que si querían resultados tendrían que tomar cartas en el asunto por sí mismos. En 1964, John Prestidge fundó en Brixham el primer grupo de saboteadores de la caza (la Hunt Saboteurs Association), que pronto se extendería por todo el país. La HSA era una red de pequeños grupos que se dedicaban a intervenir durante las cacerías, despistando a los perros o guiando a los zorros para que huyeran, evitando así su asesinato. Conseguían salvar muchas vidas, pero su eficacia estaba limitada por el hecho de ceñirse a los métodos legales, ya que las cacerías se seguían celebrando y se arriesgaban a que algunos animales pudieran morir o sufrir en el proceso. Había que ir más allá.

Primer comunicado enviado a prensa por la Band of Mercy. 1973.

The Band of Mercy y los orígenes del movimiento en el Reino Unido

En 1971, un estudiante de derecho llamado Ronnie Lee creó un nuevo grupo de saboteadores en Luton. Este colectivo pronto se dio cuenta de que, para evitar el sufrimiento de los animales, era más efectivo impedir que las cacerías llegaran a producirse. Así, comenzaron a utilizar nuevas estrategias alejadas de la legalidad, como sabotear las armas y los coches de los cazadores. Fundaron The Band of Mercy (Banda de la Misericordia), inspirada en el nombre de antiguas agrupaciones juveniles surgidas de la RSPCA que, ya en el siglo XIX, habían comenzado a romper escopetas.

La Band of Mercy era contundente en sus sabotajes, pero siempre dejaba un mensaje a los cazadores explicándoles las ideas de la liberación animal y el por qué de sus acciones. Lejos de perder de vista sus principios, contextualizaban sus acciones para que fueran comprendidas. Pronto comenzaron a expandir su campo de actuación a otros ámbitos. En noviembre de 1973, provocaron dos incendios en un laboratorio de investigación de la compañía “Hoechst Pharmaceutical”, que aún estaba en proceso de ser construido. Era la primera vez que se utilizaba el fuego, así como la primera vez que se atacaba el negocio de la vivisección. Como resultado, se evitó que el edificio llegara a ser utilizado para investigar con animales, y la empresa sufrió serias pérdidas económicas.

Los avances eran imparables, atacando cada vez objetivos más ambiciosos. Medio año más tarde, consiguieron incendiar dos barcos destinados a la matanza de focas para la industria peletera. Este sabotaje, llevado a cabo por solo dos personas, tuvo un impacto decisivo en el cierre del negocio al que pertenecían los barcos, y en el fin de las sangrientas matanzas que hasta entonces tenían lugar cada año en la bahía de Wash. Lamentablemente, también influyó en la división interna del movimiento en aquel momento. Algunos miembros de la Hunt Saboteurs Asociation se oponían de tal manera a los métodos ilegales de la Band of Mercy, que incluso llegaron a ofrecer recompensa por la captura de sus miembros.

La traición no frenó a Ronnie Lee y sus compañeros. En poco más de dos años, y partiendo de un reducido grupo de amigos, lograron rescatar numerosos animales, cerrar criaderos, frenar un negocio de matanza de focas, y poner en jaque a los laboratorios de vivisección y al lobby de las armas de fuego. No era de extrañar que los poderes políticos y la policía quisieran quitárselos de en medio. Así, en agosto de 1974, durante su segundo ataque consecutivo al Oxford Laboratory Animal Colonies en Bicester, Ronnie Lee y Cliff Goodman fueron detenidos tras ser descubiertos por un guardia de seguridad.

Durante el juicio se llevó a cabo una gran campaña de apoyo y de manifestaciones, y gran parte de la opinión pública les veía como héroes. Aún así, los dos de Bicester fueron condenados a prisión. Cliff no pudo soportar el cautiverio y, durante su estancia en la cárcel, se ganó el desagradable título de primer chivato del movimiento, proporcionando información sobre la banda a la policía.

A Ronnie Lee, en cambio, la experiencia carcelaria le sirvió para hacer crecer su rabia y su convicción. Estaba entre rejas, al igual que aquellos animales de las granjas y laboratorios; pero, a diferencia de ellos, sabía que algún día saldría y tendría la oportunidad de seguir luchando. Cuando salió en libertad en 1976, reunió un nuevo grupo de unos 30 miembros, incluidos algunos componentes de la Band of Mercy. Pero los tiempos de la misericordia habían quedado atrás, y era la hora de declarar la guerra a las explotadoras de todo el mundo. Nacía el Frente de Liberación Animal.

Las Ligas por la Liberación Animal

Antes de analizar la evolución hacia un gran movimiento internacional del Frente de Liberación Animal (en adelante nos referiremos a él como ALF, por sus siglas en inglés), merece la pena mencionar otro tipo de organización que tuvo gran relevancia en Inglaterra durante la década de los 80: las Ligas por la Liberación Animal.

La NALL (Northern Animal Liberation League) fue la primera de varias agrupaciones que se dedicaban a obtener pruebas de la explotación animal con el objetivo de mostrarlas al público. Su estrategia se centraba en irrumpir en lugares (principalmente laboratorios) y extraer datos, fotografías, etc. sobre las torturas que allí se llevaban a cabo. También existían grupos satélite que realizaban acciones contra todo tipo de establecimientos (carnicerías, peleterías, etc.). No liberaban animales ni provocaban grandes destrozos. Las acciones eran un medio para lograr la difusión de la información, pero no un fin en sí mismo.

Acción en la Universidad de Manchester. 1983.

Formalmente, la NALL y el ALF tenían importantes diferencias estratégicas y organizativas. Sin embargo, durante mucho tiempo se complementaron, e incluso muchos de sus miembros participaban en ambos grupos. El contexto de convulsión social de la época hacía que las acciones de la NALL tuvieran una buena acogida por parte de los medios y el público general, lo cual también ayudaba a hacer crecer aquella parte del movimiento que se dedicaba al sabotaje y las liberaciones. Además, el tipo de acciones que llevaba a cabo la NALL eran consideradas faltas leves, por lo que eran accesibles para las personas que querían actuar pero no estaban preparadas para ser arrestadas.

Surgieron más ligas en el sur y en el este, y la policía estaba tan confusa que las acciones eran cada vez más abiertas y masivas. En aquella época se popularizaron las llamadas “redadas”, en las que participaban cientos de personas, muchas veces a plena luz del día. Normalmente, consistían en convocar manifestaciones frente a instituciones donde se llevaban a cabo experimentos con animales. La protesta callejera distraía la atención de la policía, mientras varios activistas irrumpían en el edificio para extraer los archivos.

En aquel momento, el conflicto de las Malvinas y las huelgas mineras entre otras cosas, habían llevado al gobierno de Thatcher a aplicar medidas de orden público que criminalizaban cualquier tipo de “alboroto” con cargos medievales y difusos como el de “Asociación Ilegal”. La policía estaba cada vez más preparada para reaccionar ante este tipo de incidentes, y no tardaron en aprender cómo utilizarlo contra el movimiento por la liberación animal.

En 1984, la NALL arrastraba conflictos internos y no había conseguido mantener un núcleo de miembros experimentados. En una acción contra los laboratorios de ICI, en la que participaron muchos jóvenes “primerizos”, 80 personas fueron detenidas. Durante los 12 meses que estuvieron a espera de juicio, se abandonaron las redadas y no se organizó una campaña fuerte de apoyo a los detenidos. La NALL dio la espalda a sus miembros más combativos en busca de un apoyo político de la BUAV que nunca se cumplió, y finalmente terminó por hundirse.

Otras ligas aprendieron de los errores y se mantuvieron unidas en el apoyo a sus detenidas y presas. Sin embargo, la vía judicial acabó por agotar la eficacia de sus acciones. Tras varios juicios, la condena a 27 activistas por una redada contra los laboratorios de Unilever, marcó un punto en el que la liberación animal dejó de enfocarse hacia la construcción de un movimiento masivo. Lejos de desaparecer, la lucha se diseminó por todo el mundo en forma de pequeños grupos de afinidad.

Protesta en Cocksparrow Farm. 1982.

El Frente de Liberación Animal

Durante su estancia en prisión, Ronnie Lee se dedicó a estudiar el movimiento por la liberación animal y a reflexionar sobre la manera de tomar una nueva dirección. Estas ideas se materializaron en el ALF, una nueva forma organizativa con unos principios y unas estrategias claramente definidas. Como punto de partida, se basaría en tres objetivos: liberar a los animales de los centros de explotación; hacer el mayor daño económico posible a quienes se lucran a costa de los animales; y extraer información de los centros de explotación para difundirla. Por una cuestión de eficacia, se decantaron por la acción directa como forma de actuación. La legitimidad de sus acciones se la daría la ética y la justicia, no la legalidad vigente, y tendrían especial cuidado en no herir a nadie (humana o no humana) en sus acciones, por cuestiones éticas y, sobre todo, estratégicas. Además, las personas que realizaran acciones bajo sus siglas, deberían llevar un estilo de vida vegetariano o vegano.

En cuanto a la forma de organización, se inspiraron en los anarquistas de principios de siglo y sus grupos de afinidad, apostando por la creación de células autónomas entre sí. Podrían llegar a cooperar si la acción lo requería, pero funcionaban normalmente de manera independiente y totalmente descentralizada. Tanto las estrategias como la forma organizativa, se han mantenido desde la fundación hasta nuestros días. El ALF no es una organización como tal, sino más bien un sello con el que firmar determinado tipo de acciones. Siempre que se respeten los principios básicos con los que fue concebido, se pueden utilizar sus siglas. Este fue uno de los mayores aciertos a la hora de diseñar la estrategia del frente, ya que lo hace “indestructible”. Al no ser una organización formal con una estructura estable y, por tanto, identificable y reprimible, sino pequeños grupos basados en la confianza y el conocimiento mutuos, se dificulta enormemente la infiltración policial y la eficacia de la misma. Aunque caiga una célula, las demás están totalmente desconectadas y no se produce, por tanto, el efecto dominó que se originaría en el caso de ser un grupo centralizado.

Ronnie Lee y su nuevo grupo fundaron el ALF en 1976, convencidos de que para empezar a luchar contra la explotación no se necesitaban grandes asociaciones, ni influencia en las políticas locales, sino ganas, determinación y esfuerzo. En pocos años esta idea (y su firma) consiguió extenderse por todo el Reino Unido, Estados Unidos, Australia y parte de Europa.

Como ya hemos dicho, las formas de actuar del ALF rompían completamente con la tradición bienestarista que optaba por la vía legal para intentar provocar cambios legislativos. El Frente buscaba la confrontación directa con las explotadoras, haciendo suya la consigna “no hay justicia, solo estamos nosotros”. Pero, a diferencia de otros grupos, lo hacían poniendo en primer plano la cuestión estratégica, buscando siempre la mayor efectividad y, en muchísimos casos, consiguiendo sus objetivos. La importancia y validez de extraer información de los centros de explotación y hacerla pública era algo que nadie dentro del movimiento ponía en entredicho. Las liberaciones, en cambio, aunque enseguida contaron con la simpatía de mucha gente, también despertaban recelo. Algunos sectores del movimiento las criticaban argumentando que daban “mala imagen” de las activistas, aceptando la analogía “legal-bueno, ilegal-malo”. Para quienes llevaban a cabo liberaciones, el hecho de que este tipo de acciones salvaban vidas era irrefutable y solo por eso ya merecían la pena. Además, se transmitía una idea muy clara y contundente: no queremos jaulas más grandes, queremos jaulas vacías y no vamos a quedarnos sentadas esperando, vamos a ir a vaciarlas. Realmente esta actitud clara y decidida despertó simpatías entre amplios sectores la población inglesa, que veía a las activistas del ALF como gente idealista pero con un gran sentido de la justicia. También encajaba a la perfección con el auge del movimiento “punk” y las ideas anarquistas.

Pero el aspecto más criticado de las acciones del ALF fue la cuestión del sabotaje económico. Incluso gente que participaba en liberaciones, como por ejemplo los comandos franceses que llevaron a cabo la liberación de 17 babuinos (Operación Greystoke) o la de 145 perros (Operación Liberación), rechazaban provocar daños materiales a los explotadores. Algunas lo criticaban desde el punto de vista de la noviolencia, otras desde el punto de vista estratégico. El caso es que el ALF no ejercía la violencia sobre ningún ser vivo, y en poco tiempo se demostró que, estratégicamente hablando, el sabotaje económico era un arma muy eficaz, más aún en comparación con la escasa o nula eficacia de las vías legalistas que habían llevado al agotamiento y la frustración a cientos de activistas desde hacía años. Luego hablaremos de esto con más detenimiento, pero por poner un ejemplo, en 1977 el casi recién nacido ALF entró al laboratorio de experimentación con animales Condiltox, al norte de Londres, y causó daños por valor de 80.000 libras. Al poco tiempo el laboratorio, arruinado, tuvo que cerrar. Este tipo de acciones no sólo estaba consiguiendo que quebraran centros o empresas de explotación animal, sino que mandaba un mensaje muy claro a todos los que se lucraban o planeaban lucrarse a costa de los animales: vosotros podéis ser los siguientes. Si se daba tanta importancia a hacer perder dinero, era porque se partía del razonamiento de que la gente que explotaba animales no lo hacía por un odio especial hacia ellos, sino por eso mismo, por dinero. Así que, si se conseguía que su actividad dejara de ser rentable, ésta terminaría. Efectivamente, así funcionaba el asunto. El cierre de negocios de toda índole (granjas, laboratorios, peleterías, etc.), así lo demostró. Granjas y criaderos como Shamrock, Newchurch, Regal Rabbits, Consort Kennels o Hillgroove quebraron o cesaron sus actividades gracias a la presión ejercida por las activistas, claros ejemplos de que la acción directa, utilizada con visión estratégica, conseguía resultados.

En un momento histórico de tanta agitación social como fueron los 70, con un discurso revolucionario y de confrontación directa, unas formas organizativas que fomentaban la iniciativa individual a la vez que mejoraban la seguridad de los participantes y unos métodos de lucha de gran eficacia, no es de extrañar que el ALF se extendiera rápidamente por otros países. En Marzo del 1979 se llevó a cabo la primera acción del ALF estadounidense: la liberación de cinco animales de un laboratorio del Centro Médico de la Universidad de Nueva York. En Holanda, la Nochebuena de ese mismo año el ALF se estrenaba rescatando 12 beagles de un laboratorio en Zeist, en el primero de una serie de ataques a centros de experimentación con animales que se sucederían durante toda la década de los 80. En Alemania, aunque desde 1939 había tradición de grupos bienestaristas, las primeras liberaciones conocidas tuvieron lugar en 1981, año en que se rescataron 48 beagles y se realizaron daños valorados 8.300 libras en Leushcner. Los inicios en Alemania fueron muy activos, liberándose entre 1981 y 1986 a 398 perros, 960 conejillos de indias, 91 gatas, 268 ratas, 17 monos, 267 conejos y 12 ovejas de laboratorios y centros de cría, además de varios ataques incendiarios y destrozos a diferentes centros de explotación. En Suecia, uno de los países donde el ALF es más fuerte, se habían llevado a cabo rescates de gatos y perros de laboratorios durante los años 70 y 80, pero no fue hasta 1985 que se utilizó por primera vez el nombre de ALF, en el rescate de dos beagles de un laboratorio en la Escuela de Odontología de Malmö. En Francia, como hemos comentado anteriormente, a finales de los 70 había grupos que hacían liberaciones, pero no se encuadraban dentro del ALF. Únicamente luchaban contra la vivisección por suponer un “maltrato innecesario”. De hecho, ellas no eran vegetarianas y se oponían a que se atacase a la industria cárnica.

Al Estado español, debido a la desconexión respecto al panorama internacional que había reinado durante el franquismo, las ideas de la liberación animal llegaron con bastante más retraso, reivindicándose las primeras acciones en 1985, y utilizando las siglas en su versión en castellano (FLA) por primera vez en 1986. Las acciones que se realizaban entonces eran principalmente sabotajes sencillos como sellar cerraduras, romper cristales, hacer pintadas o, un poco más adelante, incendiar camiones. Los grupos más activos se encontraban en Madrid, Leganés, Bilbao y Mallorca.

Liberación de gatos en un centro de experimentación en Nuneham Courtenay.
Oxford. 1985.

Las liberaciones

Las imágenes de activistas encapuchados armados con palancas y cizallas liberando animales ponían sobre la mesa por sí solas un buen puñado de cuestiones sobre las que debatir. Esa estética tan agresiva que da el pasamontañas contrastaba totalmente con el hecho de que lo que se buscase fuese poner a salvo a unos adorables gatitos, visones o conejos. El resultado de la acción conseguía que cosas como el haber entrado en una propiedad ajena con métodos ilegales quedase, no ya en un segundo plano, sino totalmente olvidado por mucha de la gente que veía en los periódicos o en la televisión este tipo de acciones. Los medios de masas se vieron muy atraídos por esta nueva figura que estaba surgiendo, una especie de Robin Hoods que estaban dispuestos a arriesgar su libertad y su salud por salvar a los animales. Este magnetismo que tuvo la liberación animal fue de gran ayuda en la consolidación del movimiento, y se consiguió gran repercusión y apoyo social gracias a que los grandes medios se hicieran eco de las informaciones que las activistas extraían sobre cómo vivían los animales en los diferentes centros de explotación. Con los años las cosas cambiarían, y la contraofensiva que emprenderían el Estado y los lobbies de explotadores de animales (peleteros, ganaderos, etc.) tendría rápidamente en los medios de información a uno de sus mejores aliados.

Las liberaciones han sido desde el principio una herramienta de lucha muy eficaz, ese tipo de acción que habla por sí sola y que transmite muy bien el mensaje, que es de una importancia vital para cada individuo que ha sido liberado y que además genera siempre una pérdida económica a las explotadoras. No han sido pocas las granjas y criaderos que han tenido que cerrar sus puertas para siempre tras una o varias liberaciones, ya sea por las pérdidas económicas que le ha generado, ya sea porque, a raíz de la noticia de la liberación, se haya destapado la verdad sobre su negocio y la presión haya sido tal que hayan acabado prefiriendo echar el cierre.

Rápidamente los activistas se encontraron con un problema que les limitaba a la hora de rescatar animales: no todos pueden vivir inmediatamente en libertad, debido al proceso de domesticación. Sobre todo los animales criados en cautividad necesitaban un lugar al que llevarlos y donde cuidaran de ellos el resto de sus vidas, y las casas de particulares tienen bastantes limitaciones en este sentido. Apareció entonces un nuevo campo de actuación en la lucha contra la explotación animal: la creación y mantenimiento de espacios donde podían ser llevados los animales rescatados. A estos espacios se les comenzó a llamar santuarios, y aún hoy en día son proyectos que se sacan adelante entre pocas personas que emplean todo o casi todo su tiempo en esta tarea. Los santuarios pueden ser de dos tipos: aquellos más públicos, que además de dar cobijo a animales rescatados cumplen una función divulgativa muy importante, mostrando a través de la historia de animales concretos la realidad de la explotación; y santuarios clandestinos, solamente conocidos por quienes los gestionan y quienes llevan animales rescatados. La creación y desarrollo de santuarios hizo posible que se potenciaran las acciones de liberación, en las que la labor de encontrar y proporcionar alojamiento digno para los animales que se sacan de las jaulas, sea en un santuario, sea en un terreno privado o en una casa, es fundamental.

Sabotaje económico

Al hacerse conscientes de que la ética era negada voluntariamente y el único lenguaje que se manejaba era el económico, las activistas del ALF propusieron empezar a hablar en ese mismo lenguaje. ¿Que te da igual todo lo que no sea tu dinero? No te preocupes, tocaremos tu dinero. Una premisa bastante sencilla y que ha funcionado y sigue funcionando hoy día. Los sabotajes económicos podían ser de varios tipos, atendiendo a las técnicas que se utilizaran o la dimensión de los daños provocados. Podían abarcar tanto como la imaginación, desde el sellado de cerraduras, rotura de ventanas, inutilización y destrozo de la maquinaria, hasta la inundación o el incendio de vehículos e instalaciones, etc.

Un ejemplo de hostigamiento continuado lo podemos encontrar en la Inglaterra de finales de los 80, cuando se puso en marcha una campaña contra la industria peletera. Se rompían escaparates todas las semanas, pero las acciones se intensificaron a partir de 1985, cuando se comenzó a utilizar el incendio en esa campaña. Los activistas estudiaron la industria peletera y comprobaron que la mayor parte de las pieles se vendían en los grandes almacenes, así que se centraron en acabar con esa situación, para más tarde pasar a cerrar las pequeñas peleterías de una en una. Fabricaban dispositivos incendiarios del tamaño de un paquete de tabaco y los colocaban disimuladamente en algún punto del centro comercial. Horas después el dispositivo se activaba e incendiaba el local. Cuando el sistema antiincendios se activaba, estropeaba por sí sólo las prendas y las instalaciones. En los casos en los que no se activó, las llamas devoraron los grandes almacenes. Entre 1985 y 1988 se realizaron más de cuarenta incendios en grandes almacenes, con ningún herido y varios millones de libras en daños. El último incendio se produjo en diciembre de 1988 en los almacenes Dingles, en Plymouth, generando desperfectos por valor de 18 millones de libras. Pocos meses después, los cientos de grandes almacenes del Reino Unido decidieron dejar de vender pieles.

A principios de los 90 se “puso de moda” romper cristales de carnicerías, centros relacionados con la experimentación animal y locales de apuestas (por las carreras de caballos y galgos) con un nuevo método, aparecido en la publicación Into the 90’s: disparar con tirachinas desde un coche en marcha. En la ciudad de Manchester, en pocos meses, se habían roto más de mil ventanas.

Pero, sin duda, el incendio había resultado ser la técnica más efectiva en lo que a generar pérdidas se refería. En el año 1987 se produjo en el Laboratorio de Diagnóstico Animal que se estaba construyendo en el UC Davis, el ataque incendiario que más pérdidas ha generado: 4’5 millones de dólares.

Incendio de los almacenes Dingles. 1988.

Represión

Lógicamente, todas estas acciones han llevado a muchas activistas a prisión, pero eso, lejos de suponer el fin de la lucha, ha servido para crear un movimiento más fuerte y más preparado, para que los activistas perfeccionen sus técnicas y pongan más atención en cuidar su propia seguridad y la de los demás, y para que surjan diferentes grupos de apoyo a presos por la liberación animal, como pueden ser el Vegan Prisoners Support Group o el Animal Rights Prisoners Support Group.

En los comienzos del movimiento, las fuerzas del orden y las instituciones que se encargaban de legislar y juzgar, estaban muy desorientadas con respecto a las medidas a aplicar; pero pronto se percataron de que la cosa iba en serio. En 1984, en pleno auge de las “redadas” y de las ligas, el ALF llevó a cabo una serie de acciones de contaminación. Se trataba de avisar de que ciertos productos experimentados en animales, que ya se encontraban en el mercado, habían sido manipulados con sustancias que podrían perjudicar a las consumidoras. Los comerciantes se veían obligados a retirar los productos ante la amenaza, fuera cierta o no, lo cual causaba una gran pérdida a las marcas y suponía una advertencia si continuaban practicando la vivisección. A pesar de la polémica que causó, ninguna persona sufrió ningún daño. El colofón lo puso la supuesta contaminación de las chocolatinas Mars, que consiguió que todas las compañías de confitería dejasen de experimentar con animales. Lamentablemente, también logró que el Ministerio del Interior designase a una sección de Scotland Yard para dedicarse exclusivamente a “cazar a los fanáticos de los derechos de los animales”.

Desde entonces, tanto la Interpol como las policías de los diversos países donde la lucha por la liberación ha alcanzado cierta relevancia, han creado grupos especiales para investigar y reprimir a los colectivos por la liberación animal; y se ha tratado por todos los medios de legislar y sentar jurisprudencia de la manera más severa posible, hasta el punto de que en Estados Unidos, el llamado “ecoterrorismo” ocupa el lugar más alto en la lista de terrorismo doméstico.

Los poderosos lobbies económicos que se esconden tras las grandes compañías de explotación animal han tenido un papel fundamental en todo esto gracias a su influencia política, orquestando grandes montajes policiales para frenar la amenaza que se cernía sobre sus negocios. Un claro ejemplo de ello lo constituye la campaña contra activistas de SHAC, grupo que desde sus orígenes se ha centrado en ejercer presión contra la poderosa multinacional HLS, por lo que ha acabado con varios miembros en prisión a ambos lados del Atlántico.

Nota complementaria Anemófila.org
Si bien el presente texto habla sobre la historia de los movimientos de liberación animal hasta fines de los ‘90, se nos hace necesario en este punto recordar la intensa represión desatada en los años posteriores a los ataques a las torres gemelas en EE.UU. el 11 de septiembre del 2001. Aunque los grupos de liberación animal y de la tierra estaban llevando a cabo ataques a la propiedad privada en las décadas previas, el pánico generalizado tras la caída de las torres fue aprovechado al máximo por las autoridades para aumentar el financiamiento y expandir el alcance del brazo represivo estatal en su contra.
Mientras en la opinión pública se generaba un clima de islamofobia y el departamento de Estado gozaba de una nueva excusa para invadir territorios en el medio oriente, internamente las agencias de seguridad interior tuvieron un especial interés en la persecución del llamado “ecoterrorismo”. Este término fue asignado por el FBI en el 2002 para distinguirlo de otras amenazas “terroristas”, y enfatizar las millonarias pérdidas económicas provocados por estos ataques. La industria de explotación animal y de la tierra  había presionado durante años a las autoridades a tomar cartas en el asunto, y cuando a ello se sumó la aprobación de diversas medidas que buscaban garantizar la seguridad nacional, la persecución de grupos ecologistas se convirtió en prioridad. La oleada represiva sobre los grupos antiespecistas de acción directa se conoció como “green scare” (miedo verde), en directa alusión al “red scare” (miedo rojo) con el que se conoció la persecución de todo elemento considerado comunista durante el período de entreguerras (1917-1920) y la década posterior a la segunda guerra mundial en EE.UU.
El “green scare” culminó en la Operación Backfire, que buscó específicamente condenar a participantes del Frente de Liberación Animal y el Frente de Liberación de la Tierra.

Hasta la muerte

Aunque no sean las únicas, hay tres muertes (y por tanto tres vidas) que han marcado la historia de la liberación animal.

Mike Hill era un joven activista anarquista, implicado en el movimiento punk y en varias luchas libertarias. El 9 de febrero de 1991, a los 18 años, fue atropellado deliberadamente mientras participaba en un sabotaje contra la caza. Su asesino, Alan Summershill, ni siquiera fue interrogado; pero los compañeros de Mike se tomaron la justicia por su mano. Dos días más tarde, 150 personas acudieron a la casa de Summershill y la destruyeron a cara descubierta, frente a diversos medios de comunicación. Varias personas fueron arrestadas, pero las acciones por la liberación animal se incrementaron, y más tarde la casa de Summershill fue reducida a cenizas.

Mike Hill

Jill Phipps tenía 31 años y era madre de un niño cuando fue atropellada por un camión de transporte de ganado el 1 de febrero de 1995. Jill, que llevaba años participando junto a su madre y hermanas en la lucha por los animales, estaba allí para intentar detener el envío de terneras vivas por avión desde el aeropuerto de Coventry. El negocio era sostenido por un magnate traficante de drogas, que no tuvo ninguna represalia legal por la muerte de Jill. No obstante, su fallecimiento atrajo la atención sobre el problema, consiguió que las exportaciones fueran suspendidas y que mucha gente se uniera contra otros focos de explotación animal.

Jill Phipps en el transcurso de una protesta.

Barry Horne fue condenado a 18 años de prisión por una campaña incendiaria contra diversos centros de explotación animal. Durante el tiempo que estuvo en la cárcel, llevó a cabo varias huelgas de hambre en protesta por el incumplimiento de las promesas electorales de Tony Blair en relación a la vivisección. Se trataba de una excusa para llamar la atención del público e incitar al movimiento a actuar. Su estrategia tuvo éxito en ese sentido, pero se saldó con su vida. Barry falleció durante una de sus huelgas, el 5 de noviembre de 2001.

Barry Horne

En lugar de marcarles como mártires o héroes, nos gustaría que sus historias y su fallecimiento sirvieran como prueba fehaciente de que la liberación animal es una lucha real, que afecta a animales humanos y no humanos hasta el punto de matar o morir, que puede ser llevada a cabo por cualquiera que se preocupe lo suficiente…

Anexo

Cada movimiento tiene sus teóricos, más o menos lúcidos, que desarrollan las ideas fuerza que darán contenido a las luchas. En el caso de la liberación animal esas figuras podrían ser Peter Singer, Tom Regan o Gary Francione, entre otros. Pero hay materiales que no suelen tener tanto reconocimiento aunque quizá tienen una repercusión más real y directa sobre el entorno en el que se mueven: hablamos de publicaciones, libretos, boletines y fanzines.

En todo movimiento o proceso de lucha, las publicaciones cumplen dos funciones: la primera, favorecer el avance teórico y práctico del mismo, y la segunda, reflejar el momento histórico de su publicación. A través de las publicaciones antiguas una puede hacerse una idea más clara del tipo de acciones y de debates que se estaban dando en ese momento. Así, si echamos un vistazo a las publicaciones sobre liberación animal, veremos por ejemplo la importancia que se le daba a la acción urgente o la relación con la defensa del medio ambiente. La cuestión estratégica, el apoyo a las represaliadas o la divulgación de conocimientos básicos para emprender acciones ilegales (como sabotajes o liberaciones) son también temas muy recurrentes en este tipo de publicaciones. Algunas publicaciones de especial relevancia han sido The beast (1979-1981), Arkangel (1989-1992), The militant vegan (1993-1995), South east liberator (1992-1996), Underground (1994-2001), Stronghearts (1995-1997), Do or die! (1993-1998), No compromise (1996-1999) o Bite back (desde 2002), aparte de los boletines de los diferentes colectivos de base.

También han sido muy importantes para el desarrollo del movimiento otro tipo de textos como las diversas “guías” sobre acción directa ilegal, como An animal liberation primer o Into the 90’s, o textos de carácter más histórico como pueden ser Against all odds (editado en castellano por Eztabaida con el título Contra todo pronóstico), que hace un repaso a la lucha contra la experimentación animal en Inglaterra entre 1972 y 1986; o Memories of freedom (editado en castellano como capítulo de Encendiendo la llama del ecologismo revolucionario, que se puede descargar completo en la web de ochodoscuatro ediciones), que relata la llamada “Operación Bite back”, una espectacular operación llevada a cabo por muy pocas personas que, combinando acciones como liberaciones e incendios, puso en jaque a la industria peletera en Estados Unidos.

Por último queríamos reseñar también la relación que se dio en Inglaterra y, por imitación, en más países, entre la liberación animal y el punk. Afortunadamente la lucha por la liberación animal no se vio limitada a los círculos contraculturales, pero es cierto que muchos grupos adoptaron un estilo de vida vegetariano o vegano y era habitual entre algunos jóvenes anarkopunks ingleses la costumbre de irse a apedrear carnicerías o peleterías tras los conciertos. De hecho, hubo una época en la que carniceros iban a las puertas de las okupas cuando había conciertos de Conflict, con la intención de intimidar a los asistentes. También muchos punks participaban en el sabotaje de la caza. Incluso la mítica revista Class War durante su primera época incluía entre sus contenidos la liberación animal. Algunos de los primeros grupos de punk que abanderaron este mensaje fueron CRASS, Conflict, Dirt, Icons of filth o Subhumans.

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