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Batallas en las calles: como anarquistas y antifascistas están ganando la batalla contra la Alt-right en EEUU

Traducción: Anónima y Voltaire Argandoña

Este artículo de Anarchist Agency es una adaptación resumida de un reportaje más largo hecho por Crimethinc Collective

La alt-right 1 -en la actualidad- va en retirada. La convergencia de tendencias fascistas y supremacistas blancas al alero de una renovada extrema derecha que llamó tanto la atención durante la campaña presidencial del 2016 y el primer año de la presidencia de Trump ha sido exitosamente interrumpida, cortando el liderazgo central desde su base a los partidarios de Trump con quienes contaba para acumular poder. Les militantes antifascistas que tomaron medidas en Berkeley, Charlottesville, y docenas de otras ciudades deben estar orgulloses del rol que jugaron en lograr esta victoria.

Esto no se logró a través de una aplicación militarista de la fuerza. Durante los días mas oscuros de la primavera del 2017, cuando las movilizaciones de la alt-right estaban en su punto más fuerte, no había certeza que ni siquiera el Bloque Negro más grande pudiera derrotar el asedio de las fuerzas fascistas preparadas para la batalla. Lo que igualo la balanza y que en ultima instancia llevo a la derrota de los Nazis, fue la fuerza de la solidaridad entre anarquistas, la izquierda y grupos de activistas comprometides a combatir la supremacía blanca, el patriarcado y el fascismo. “La diversidad de tácticas” ha sido duramente criticada, tanto desde la derecha como de la -así llamada- “izquierda”. Pero las acciones antifascistas de los años previos han mostrado que no solo son una estrategia efectiva, si no que su flexibilidad no divide, y reúne a grupos dispares en formas prácticas cuando hay confianza y solidaridad.

Mientras las redes antifascistas se expanden y se hacen cada vez mas resilientes, las redes ideológicamente heterogéneas de la extrema derecha implosionaron. La derecha moderada (alt-light) se puso en contra de la alt-right, los nacionalistas ciudadanos se volvieron en contra de los etnonacionalistas, las milicias patriotas se fueron contra los neo-Nazis, y el partidario promedio de Trump, que había incursionado en este movimiento en crecimiento, quedó confundido y desmoralizado.

Hace unos meses, sin embargo, parecía probable que el 2018 fuera una pesadilla para el movimiento fascista callejero que rápidamente hacia metástasis. ¿Qué pueden aprender les antifascistas alrededor del mundo de lo que paso en 2017? Para responder esa pregunta, retrocedamos y revisemos la historia.

El Fascismo golpea las calles

Los fascistas eligieron Berkeley, California como el escenario central de su intento por levantar su movimiento. La ventaja se movía de un lado para otro mientras fascistas y antifascistas maniobraban para atraer mas aliados a la batalla. Siguiendo la estela de la campaña de Trump y explotando los puntos ciegos de la política liberal de “libertad de expresión”, los fascistas ganaron impulso hasta que les antifascistas fueron capaces de usar esas victorias en su contra, logrando una movilización sin precedentes.

Los enfrentamientos que se tomaron Berkeley, Seattle, Washington, Charlotte, y otras ciudades durante la mayoría del años pasado fueron el clímax de una secuencia de eventos que empezaron un años antes. El 27 de febrero del 2016, gente de el Klan2 en la sureña localidad de California, Anaheim, apuñalaron a 3 anti-racistas quienes protestaban en contra de un marcha del Ku Klux Klan “contra la inmigración y los musulmanes”. La marchas a favor de Trump se hicieron cada vez mas continuas y polémicas en ciudades como Chicago (11 de Marzo) y Pittsburgh (13 de Abril) mientras que los manifestantes sostenían contramanifestaciones para enfrentar estas abiertas demostraciones de fanatismo. El 6 de M ayo, una recién formada organización de jóvenes fascistas, Indentity Evropa (IE), convoco a su primera manifestación al otro lado de la bahía -un mal presagio de lo que se avecinaba.

El 16 de junio, mas de 400 antirracistas y antifascistas convergen en el Capitolio de Sacramento para impedir la marcha convocada por el «Partido Tradicionalista de Trabajadores», una organización neo-nazi fundada en el oriente medio del país. La protesta estaba en primer momento anunciada como una concentración “anti-antifascista”, organizada en respuesta a las contramanifestaciones en los eventos de Trump. Fue también un intento por levantar puentes entre las variadas tendencias dentro de la extrema derecha. La mayoría de les antifascistas estaban encapuchades, otros grupos representaban a distintas tendencias de izquierda. Juntes, previnieron exitosamente que ni siquiera pudieran comenzar la marcha. Compañeres resistieron en las escaleras del Capitolio, persiguiendo grupos dispersos de Nazis y activistas de la Alt-Right.

Alrededor de unas tres horas desde que la contramanifestación había comenzado, dos docenas de los Golden State Skins equipados con pañuelos y escudos decorados con símbolos de “Poder Blanco” y el escudo del Partido Tradicionalista de Trabajadores, aparecieron sorpresivamente a un costado del capitolio atacando a la multitud. Seis compañeres fueron apuñalades, algunes repetidas veces en su torso, mientras que la policía antidisturbios miraba impasible. Casi todes les que sufrieron ataques eran afrodescendientes y/o transgeneres. Milagrosamente, todes elles sobrevivieron.

Los eventos en Sacramento ayudaron a acomodar la rápida trasformación de los movimientos anarquistas locales. Una red de compañeres formaron la “Acción Antirracista de California del Norte” (NOCARA por sus siglas en ingles) para investigar y documentar el incremento de actividad fascista en su región. Otros grupos se vincularon a la autodefensa y afinaron sus análisis en el ,rápidamente cambiante, terreno político. Símbolos antifa -las dos banderas y las 3 flechas- rápidamente se hicieron omnipresentes como la A en el circulo en todo el entorno anarquista del área de la bahía. Algunos se lamentaron esto como una retirada de las luchas contra el capitalismo y la policía que derivaron en una estrategia puramente defensiva enfocada principalmente en combatir elementos marginales de la extrema derecha. Pero la mayoría lo entendió como un paso lógico necesario dada la creciente marea de actividad fascista alrededor del país y del mundo. Apuntaron en situar una posición antifascista como un componente singular dentro de la lucha contra el capitalismo, el patriarcado y el supremacismo blanco que compañeres han estado dando durante años. La mayoría de les participantes se habian fogueado en varias rebeliones y movimientos en el área de la bahía durante la pasada década, incluidos el Occupy Oakland y el Black Lives Matter. Vieron en el antifascismo una forma de autodefensa comunitaria en contra de la reacción violenta para quienes luchan por la liberación colectiva. Muches también estaban ansiosos de usar el antifascismo como un medio para abrir un nuevo frente contra la supremacía blanca y el estado.

El 9 de noviembre, la noche siguiente que la victoria electoral del Trump sacudiera el mundo, una marcha de miles, seguida de la noche con los disturbios más intensos de los que se tenga memoria reciente sucedieron en el centro de Oakland. El fuego irrumpió en la cámara de comercio, el edificio federal, y en una obra en construcción de un nuevo edificio de Uber. Una multitud enfurecida de milescombatió contra la policía con botellas, fuegos artificiales, e incluso cócteles molotov mientras los bancos eran destrozados, barricadas cortaron las calles principales, y el humo de las lacrimógenas lleno el aire. Otras ciudades del país vivieron significativos disturbios, alborotadas protestas en Portland, Oregon duraron días.

El tono del 2017 fue establecido una fría mañana del 20 de Enero en Washington D.C.. Mientras los expertos de los principales medios de comunicación nerviosamente reiteraban la importancia de un pacifico cambio de mando, un bloque negro de cientos coreando “Black lives matter!” tomo las calles para irrumpir la inauguración de Trump. En el curso del día, cientos fueron arrestades, una persona encapuchada de negro golpeo a Richard Spencer mientras intentaba explicar el meme alt-right de la Rana Pepe, el video del incidente se volvió viral.

Esa misma tarde en Seattle, Milo Yiannopolous dio una conferencia en el campus de la Universidad de Washington parte de su gira llamada “Maricones Peligrosos”. Milo se ha hecho de renombre en los años previos vendiendo misoginia e islamofobia en su rol de editor técnico para Breitbart News bajo la tutela de Steve Bannon. Se ha convertido en una voz de liderazgo para la alt-right auxiliarmente conocida como alt-light. La lógica detrás de su tour fue similar a la estrategia del Estado islámico de apuntar a los enclaves liberales de las universidades, usando un provocativo modelo de activismo de extrema derecha renovado para audiencias millenials.

Cientos salieron a las calles para oponerse a la charla de Milo en Seattle. En las peleas que se desarrollaban fuera del edificio, un partidario de Trump desenfundo una pistola escondida y le disparo a Joshua Dukes, miembro de la IWW, en el estómago. Milo continuo su charla despreocupadamente mientras que Dukes, críticamente herido, era rápidamente llevado a urgencia. Afortunadamente, sobrevivió, pero paso varias semanas en el hospital.

El primero de Febrero, Milo llego a Berkeley para la charla final de su tour, hospedado por el Berkeley College Republicans. Días antes, su charla cerca de UC Davis había sido exitosamente interrumpida por manifestantes; todos los ojos estaban ahora en el campus de UC Berkeley.

Hagamos una pausa para revisar la situación -porque ese día en Berkeley, a pesar de todas las criticas que recibió el antifascismo después, se demostró perfectamente porque una aproximación más confrontacional fue una parte importante para hacer retroceder a la alt-right, y porque la respuesta hubiera sido mucho menos efectiva si hubiera estado confinada a lo usual -con un programa aceptable de mitin-marcha-cantos-discursos.

A medida que las movilizaciones fascistas se incrementaban, los apuñalamientos y otros ataques físicos iban en aumento, como se había predicho. No reconociendo las amenazas, muchos liberales -incluyendo la administración de UC Berkeley – continuaron defendiéndo esto en el terreno de la “libre expresión” abriendo el camino para mas tragedias. Con tanto apoyo institucional implícito para la organización fascista, las marchas respetuosas de la ley no pueden detener el crecimiento de la amenaza. Milo vino a Berkeley para fomentar la misoginia y la islamofobia y con un expreso intento de enseñar a sus audiencias como subir información personal de indocumentades a la web para denunciarles y hostigarles: un acto que tendría consecuencias reales para muchos seres humanos.

El sonido de las explosiones resono por los aires mientras fuegos artificiales cruzaban la plaza hacia la policía antidisturbios, quienes tuvieron que agacharse y retirarse de sus posiciones. Al amparo de esta cubierta, pandillas de encapuchades atacaron las vallas y rápidamente las rompieron. Cientos lo alentaron. La policía desde los balcones descargo varias rondas de balas de goma y marcadores hacia la multitud, pero al final tuvo que ponerse a cubierta por los fuegos artificiales que explotaban en sus cabezas. Con las vallas desaparecidas, la multitud asedió el edificio y comenzó a destrozar las ventanas.

“¡El evento se ha cancelado! ¡Por favor váyanse a casa!” grito un desesperado capitán de policía desde el megáfono mientras la multitud rugió de celebración. Una torre de luz móvil fijada a un generador fue derribada prendiendo llamas de dos pisos de altura. La canción “FDT” (Fuck Donald Trump) de YG salio disparada desde un sound system y cientos bailaban alrededor de la pira en llamas. Los Berkeley College Republicans que salían del evento cancelado fueron blanco de bombas de pintura roja y miembro de los Proud Boys, los “Western Chauvinist” una organización fraterna de la alt-light, fueron golpeados y perseguidos fuera del lugar. Milo fue escoltado al exterior por la puerta trasera gracias a su equipo de seguridad y se marchó de la ciudad. Una manifestación por la victoria del momento se volcó a las calles en el centro de Berkeley, destruyendo todos los bancos a su paso. Mas tarde esa misma noche el bus donde viajaba Milo fue vandalizado en el estacionamiento del Hotel donde hospedaba en las cercanías de Fremont.

La portada del New York Times al día siguiente titulaba, “Anarquistas juran detener el ascenso de la extrema derecha, con violencia si es necesario” y debajo una foto de un misterioso encapuchando armado con un palo. “Anarquistas profesionales, matones y manifestantes pagados están demostrando el punto de millones de personas que votaron por “hacer América grandiosa otra vez” tuiteó Trump a la mañana siguiente amenazando con retirar fondos de la Universidad de Berkeley si es que no podía garantizar la “libertad de expresión”. Milo siendo detenido por la acción antifascista militante no fue tópico para ninguna discusión a nivel nacional.

Pero los miles que se habían reunido a protestar el 1 de Febrero habrían tenido poco impacto si no fuera por los 200 individuos aparecieron como un Black Bloc (Bloque Negro) -bastante vitoreado por el resto de la multitud- tomando acciones concretas para prevenir el discurso de Milo. Las marchas respetuosas de la ley habrían permitido que el fascismo organizado se propagara sin control.

Sin embargo, una confusa controversia sobre la libertad de expresión había recién comenzado. Los liberales rápidamente cayeron en la trampa puesta por la alt-right. El profesor de la UC Berkeley Robert Reich, que fue secretario del Trabajo bajo la administración de Clinton, se puso en ridículo con una declaración sin fundamento diciendo que “Yiannopoulos y Brietbart estaban en alianza con los agitadores, en orden de allanar el camino para la campaña de Trump”

Desde la organización de “espacios seguros para la gente blanca” hasta pretender representar un nuevo movimiento por la libertad de expresión, el fascismo en ascenso entendió que toda la hueca retórica del liberalismo utilizada por tipos como Reich pueden ser convertidas en un arma contra todo quien se oponga a la supremacía blanca y el patriarcado. Los enclaves liberales eran especialmente vulnerables a esta estrategia. Se habían convertido en el terreno elegido en el que el fascismo estadounidense del siglo XXI intentaba salir de Internet para construir un movimiento social en las calles.

«Hubiésemos sido aplastados como cucarachas»

Varias camarillas de fascistas y extrema derecha se apresuraron en tomar la ventaja en la confusión liberal sobre la emergente narrativa de la libertad de expresión. A nivel táctico, habían demostrado que tenían la influencia, los recursos necesarios y los soldados de a pie para mantenerse en la calle dentro de territorio enemigo. Los antifascistas fueron forzados a un espiral descendente de respuestas ante cualquier nuevo movimiento de la derecha sin tener una estrategia propia. Paranoia, ansiedad y autocritisismo caracterizaron al movimiento anarquista local durante finales de primavera y comienzos del verano.

Aunque grandes cambios estaban en marcha. Muchas activistas del área de la bahía habían permanecido fuera de los enfrentamientos, sin embargo no estaban convencidos con la retórica de la “libertad de expresión” que había confundido a muchos liberales. Los militantes antifascistas no tenían ningún interés en darle más poderes represivos al estado ni criminalizar ni censurar discursos. Ese nunca fue el objetivo de la lucha. Confrontar la actividad nazi en las calles para detener su normalización y la proliferación es una forma de autodefensa comunitaria. Un número cada vez más grande de antirracistas entendieron esto. Los movimientos organizados en el área de la bahía, como los abolicionistas de prisiones del Critical Resistance, la Arab Resource Organizing Committee, grupos aliados de antirracistas blancos como el Catalyst Project y el movimiento local del Standing Up for Racial Justice (SURJ), el Anti-Police Terror Project, que había tenido cierto liderazgo en el Movimiento del Black Lives Matter, comenzaron a trabajar con les que habían estado en las calles durante la primera mitad del año para construir una respuesta coordinada.

Muchos de estos grupos habían estado en desacuerdo con les anarquistas. Algunas de las discusiones mas amargas giraban en torno a asuntos de identidad y representación entre los diversos movimientos sociales de la década precedente. Muches anarquistas rechazaban la mayor parte de la política identitaria después de ver como era usada una y otra vez por líderes reformistas de grupos marginales para manejar y pacificar movimientos antagonistas. Funcionarios liberales de la ciudad, organizaciones sin fines de lucro, y algunos movimientos de justicia social han sistematicamente descartado las políticas antipoliciales y anticapitalistas en las rebeliones locales en Oakland y en todos lados como un intento de agitadores externes, anarquistas blancos/as, corrompiendo respetables movimientos liderados por personas de color. Esta narrativa paternalista y contrainsurgente intencionalmente oscureció la diversidad de participantes en estos levantamientos borrando su influencia.

Las cosas empezaron a cambiar el 2014 mientras las rebeliones antipoliciales se propagaron a lo largo del país y las fuerzas de la reacción racista se movilizaron en respuesta. A pesar de las tensiones irresueltas, el movimiento anarquista jugo un importante papel en ayudar a sostener las luchas contra la supremacía blanca y otras luchas de personas oprimidas. Un numero creciente de activistas y movimientos organizados apoyaron los levantamientos y entendieron la necesidad de trabajar juntos como un frente antirracista unido. Esta convergencia ayudo a sentar las bases de las alianzas sin precedentes que surgieron de la organización antifascista.

La urgencia de edificar estas coaliciones fue trágicamente subrayada el 26 de Mayo, cuando un supremacista blanco corto las gargantas de tres personas que habían intervenido para detener el acoso que realizaba a una joven musulmana y su amiga en un tren de acercamiento en Portland, Oregon. Dos de las personas fallecieron. El atacante, Jeremy Christian, había participado en marchas por la “libertad de expresión” convocadas por el grupo local de la alt-lite de Portland, Patriot Prayer. En esta reunión, Christian gritó “¡Vete si no te gusta nuestra libertad de expresión… Deja este país si odias nuestra libertad- muerte al Antifa!”

Unas semanas después, el 10 de Junio, miles de anti-racistas y antifascistas en Seattle, Austin, New York y en otros lugares se movilizaron exitosamente en contra un día de marchas anti musulmanas que congrego a varios grupos neonazis, miembros de milicias y activistas de la alt-right, quienes intentaron exhibir carteles abiertamente fascistas exponiendo las grietas crecientes en las alianzas entre la extrema derecha que se habían acumulado durante la primavera.

El 9 de Julio, la creciente red antifascista en el área de la bahía organizo un masivo foro en el Centro para Personas Mayores de Berkeley, a pocas cuadras del lugar del enfrentamiento en la primavera. Los oradores de esta coalición ayudaron a informar a cientos de asistentes sobre la creciente marea de supremacismo blanco y actividades fascistas y la necesidad de organizar la autodefensa comunitaria. La multitud abandono el foro energizada y con ansias de movilizarse.

En un intento de sanar las divisiones que ya aparecían entre la alt-right, sus lideres incluidos Richard Spencer y Nathan Damigo llamaron a una movilización en Charlottesville, Virginia, promovida durante el verano como un mitin para “Unir a la Derecha”. Construyendo a partir de su éxito en reclutar enclaves liberales en los meses previos, los lideres de la alt-right incluyendo los ya nombrados, abogaron por llevar el crecimiento de su movimiento al siguiente nivel, forjando una alianza con supremacistas blancos sureños3 bajo la bandera de su renovado activismo de extrema derecha. La marcha del 12 de Agosto se suponia que seria el punto de inflexión que transformaría al joven movimiento en una imparable fuerza reaccionaria bajo la protección del régimen de Trump.

En lugar de eso, resulto ser un histórico desastre para los fascistas. Anarquistas y antifascistas se las arreglaron para interrumpir la marcha, a la larga forzando que la policía declarara ilegal la concentración. Los supremacistas blancos se retiraron de Charlottesville con la conciencia de habersido derrotados: su marcha había sido cancelada y los medios se tornaban en contra de ellos. Fallaron en crear una situación en la cual el volátil resentimiento blanco que habían fabricado se sintiera orgulloso por una exitosa demostración de fuerza. Es por eso que James Alex Fields, miembro de la organización fascista Vanguard America, cargo su auto contra una multitud de antifascistas esa tarde, asesinando a Heather Heyer y lesionando gravemente a otras 19 personas.

Los fascistas habían intentado tener la ventaja en la narrativa de los medios mostrando a sus oponentes como enemigo de la “libertad de expresión”. Pero luego de “Unir a la Derecha”, la alt-right estaba intrínsecamente ligada a imágenes de miembros armados del Klan y nazis cargando banderas con esvásticas. La conexión entre el activismo de extrema derecha y los asesinatos fascistas se había convertido en algo demasiado obvio como para negarlo. Charlottesville inmediatamente se transformo en un grito de guerra para la emergente red antifascista de amplia base que reflejaba el microcosmos del cruce de tendencias que se habían desarrollado ese verano en el área de la bahía.

Los héroes de Charlotesville fueron les anarquistas y otres militantes antifascistas quienes pusieron sus cuerpos en primera línea para llevar la marcha “Unir a la Derecha” hacia el caos. Imágenes grotescas de las calles de Charlottesville ese 12 de Agosto mostraban combatientes callejeros fascistas con armaduras enfrentándose a antifascistas quienes los superaban en número. Estos dieron un golpe a las intenciones de la alt-right de usar la marcha para legitimar el movimiento popular que esperaban construir. Los antifascistas forzaron a la alt-right a mostrar su verdadera cara; los resultados fueron catastróficos para el futuro de su movimiento.

Los movimientos de resistencia siempre son mas fuertes cuando no están solos. Cuando las rebeliones, como en Oakland, Berkeley o San Francisco, son simplemente de militantes aislades o excepciones que confirman la regla, a la larga terminan acorraladas y neutralizadas. Les camarades son mas efectives cuando sus acciones reflejan lo que esta pasando en otras partes del país. Si “Unir a la Derecha” se hubiese realizado sin interrupciones, los fascistas y racistas alrededor del territorio se habrían sentido envalentonados y la violencia hubiese hecho metástasis. En cambio, los eventos en Charlottesville ayudaron a poner en marcha a la coalición antifascista local. A las pocas horas del asesinato de Heather cerca de mil antiracistas y antifascistas se reunieron en el centro de Oakland y marcharon por la carretera 580, donde bloquearon todo el trafico y tiraron fuegos artificiales como una muestra de solidaridad con los camaradas de Charlottesville. Muchos conductores ondeaban o levantaban su puño como muestra de apoyo. Cerca de cien manifestaciones tomaron lugar alrededor del mundo los días siguientes.

El discurso nacional que giraba en torno al antifascismo militante que comenzaba como respuesta a los eventos del 20 de Enero en DC y el 2 de Febrero en Berkeley cambio dramáticamente. Luego de Charlottesville, los antifas estaban súbitamente nadando en una ola de apoyo de la izquierda y muchos liberales. Cornel West, quien asistió a la contramarcha con un contingente de clérigos, señalo expresamente en el capitulo del 14 de Agosto de “Democracy Now”, “Hubiesemos sido aplastados como cucarachas, si no fuera por los anarquistas y antifascistas.”

Si es que los manifestantes antirracistas se hubiesen limitado a manifestación respetuosa de la ley, una protesta pasiva, habrían abandonado a activistas como West a la violencia de los fascistas, mientras la policía probablemente hubiera dejado que la marcha continuara.

Formando una coalición diversa

Para mediados de agosto, una red de representantes, coordinadoras, asambleas y cursos de formación (trainings) estaban convergiendo en un rango diverso de tendencias activistas, izquierdistas y anarquistas en el área de la bahía casi a diario para prepararse ante las reuniones de extrema derecha planeadas para el fin de semana del 26 y 27 de agosto. Las conversaciones honestas sobre cómo permitir una multiplicidad de tácticas mientras se respetaban los diferentes niveles de riesgo y de vulnerabilidad forjaron un nivel de confianza y solidaridad sin precedentes. El 19 de agosto en Boston, Massachusetts, más de 40.000 contramanifestantes se enfrentaron a los partidarios de Trump de ultraderecha, incluyendo a Kyle Chapman, quien pretendía convocar otro mitín por la Libertad de Expresión. Esta fue la manifestación más grande contra el facismo y la ultra derecha en Estados Unidos durante el 2017. Fue otro signo del cambio de mareas. En Laguna Beach, un pequeño mitín contra la inmigración de America First fue superada por 2500 antifascistas y antirracistas.

El entusiasmo entre los antifacistas y antiracistas del área de la bahía estaba alto a medida que las manifestaciones de ese fin de semana se aproximaba. Los grupos locales de graffitti mostraban su apoyo, difundiendo una campaña de mensajes anti-Nazi y anti-Trump en las ciudades aledañas a la región. Varios negocios locales anunciaron que no servirían a manifestantes de ultra derecha, a la vez que abrían sus puertas para ofrecer espacios de refugio a los antifascistas. Llamados a la acción emergieron de prácticamente cada activista u organización del área de la bahía . Un punto común en muchos de estos llamados era a respetar los distintos medios para confrontar el fascismo y un compromiso a no criminalizar ni denunciar a otros protestantes.

Dos grandes manifestaciones contra la supremacía blanca y la ultra derecha se planearon para el domingo en Berkeley. La primera fue organizada por una coalición compuesta por locales de los Socialistas Democráticos de América (DSA), estudiantes y otros. Comenzó en el centro en el campus de la Universidad de California en Berkeley a las 10.30. Para las 11 eran miles los manifestantes. Otros grupos más pequeños fueron directo al parque central, donde los números crecían y crecían desde temprano en la mañana. A lo que se acercaba el mediodía, cerca de mil antirracistas y antifascistas circulaban entre las barreras de hormigón y varias capas de cercas mientras cientos de policías monitoreaban la escena bajo un sol cada vez más caliente. Les pocos/as antifascistas que llegaron con el rostro cubierto fueron arrestados por violar las ordenanzas de emergencia.

Unas cuantas cuadras más lejos, en el Parque Ohleone, estaba comenzando la segunda manifestación, organizada por los locales de SURJ (Showing Up for Racial Justice) y otros grupos antirracistas. Miles se preparaban para marchar. El llamado a la acción para esta movilización afirmaba explícitamente la necesidad de confrontar a los fascistas desde una diversidad de tácticas y pedían a todos los participantes a respetar a aquellos que utilizarán formas de resistencias más confrontacionales. Cuando el vehículo con parlantes comenzó a liderar la marcha hacia el parque central, un bloque negro de cerca de cien personas emergió de una calle contigua encendiendo bengalas y gritando “¡Todos somos Antifascistas!” (en español) El bloque le dejó espacio al vehículo y se unió al inicio de la marcha con los vítores de la multitud. Habían ahora cerca de 10.000 antifascistas de toda calaña en las calles de Berkeley.

El bloque negro dobló su tamaño a medida que marchaba. Los agentes que hacían guardia alrededor de la estación de policía en la esquina del parque central miraba con consternación mientras el bloque llevaba la marcha hacia el borde del perímetro de seguridad. Las tensiones aumentaron rápidamente cuando la policía antidisturbios formó una línea de escaramuza a lo largo del perímetro que se enfrentaba contra el bloque. Un policía intentó agarrar el escudo de un compañere encapuchade, otres le ofrecieron resistencia. Otro policía disparó una bala de goma hacia el bloque mientras compañeres enmascarades con escudos se movían hacia la línea del frente. Desde el vehículo con parlantes se escuchó una voz anunciando que quienes quisieran ayudar a formar una línea defensiva podían avanzar junto al bloque negro mientras todos los demás podían cruzar la calle hasta los escalones del antiguo ayuntamiento para ocupar espacio. Docenas de escudos fueron distribuidos a otros manifestantes de la multitud para unirse en la línea de defensa. La policía antidisturbio se puso sus máscaras de gas y apuntó sus proyectiles hacia la multitud. Una gran revuelta entre dos lados bien preparados estaba a punto de comenzar.

De repente, los policías se retiraron. A toda la policía antidisturbios en el parque central se le ordenó retirarse a las calles laterales para evitar un disturbio. La multitud avanzó por encima de las barreras de hormigón con el bloque negro en el frente cantando «¡Las Vidas Negras Importan!» Miles inundaron el parque, desobedeciendo abiertamente las ordenanzas de emergencia. Muchos cantaron «Parque de quién? Nuestro!”

Una segunda marcha de la manifestación de la mañana llegó al parque y los miembros de Socialistas Democráticos de América, llevando banderas rojas, chocaron manos con los miembros del bloque negro, quienes llevaban banderas negras. Algunos pronunciaron discursos y cantaron desde el vehículo de sonido mientras la gente desmantelaba más barreras de la policía. Después de una hora y media de ocupar el parque, se tomó la decisión de irse juntos. Los choques habían sido mínimos, la policía se había visto obligada a dar marcha atrás y nadie había sufrido heridas graves: esto era innegablemente una victoria masiva.

Un frente diverso pero unido de 10.000 antifascistas había por fin dado la cara en Berkeley. A lo que el bloque negro se unía a la marcha para abandonar el parque central, la multitud gritaba “Esto es por Charlottesville!”

El titular de San Francisco Chronicle comenzó:

“Un ejercito de anarquistas en ropa negra y máscaras derrotó a un pequeño grupo de manifestantes de derecha que se habían reunido en un parque de Berkeley el domingo para criticar a las políticas progresistas de la ciudad, expulsándolos -a veces violentamente- mientras abrumaban a un enorme contingente de policías.”

Lo que esta descripción dejó fuera fue la coordinación y solidaridad con miles de otres manifestantes que habían permitido a este “ejército de anarquistas” ocupar el parque central sin alguna revuelta significativa. Esa había sido la historia importante del día. Pero la narrativa referida a la victoria antifascista en Berkeley lucía muy diferente para aquellos que no habían estado ahí. Los medios corporativos describieron a les anarquistas y les antifascistas como secuestradores de un movimiento pacífico, pintando un cuadro de una batalla callejera entre pandillas extremistas. El breve apoyo general al antifascismo que había comenzado después de la tragedia en Charlottesville se estaba acabando. Mientras les antifascistas fueran entendides solo como víctimas de la violencia de la supremacía blanca, los liberales podrían apoyarlos. Sin embargo, tan pronto como les que vestían de negro obtuvieron la ventaja, fueron descritos como una amenaza para el status quo, potencialmente tan peligrosos como los propios nazis.

“Las acciones violentas ocurridas este fin de semana de gente autodenominada antifa en Berkeley merecen condena inequívoca, y los perpetradores deben ser arrestados y procesados” leía un comunicado emitido rápidamente por Nancy Pelosi, líder de la minoría demócrata de la Cámara de Representantes. «Creo que deberíamos clasificarlos como una pandilla», dijo el alcalde de Berkeley, Jesse Arreguin. “Vienen vestidos con uniformes, tienen armas, casi como una milicia, y creo que debemos pensar en eso en términos de nuestro enfoque de aplicación de la ley».

 La diversa coalición que se había forjado durante el verano se mantuvo firme. “No nos arrepentimos de cómo dejaron nuestra ciudad. No queremos a los supremacistas blancos en nuestra ciudad», dijo el pastor Michael McBride en una conferencia de prensa en los escalones del antiguo Ayuntamiento al día siguiente. «No nos disculpamos por nada de eso», dijo Tur-Ha Ak del proyecto de Anti Terrorismo Policial,»Tenemos un derecho y una obligación de legítima defensa». Una declaración de victoria publicada por el Catalyst Project declaró que era «difícil transmitir lo significativo que era, después de Charlottesville, que un grupo muy disciplinado de activistas antifa ofreciera protección a la multitud, tanto de la policía como de los supremacistas blancos».

Dentro de los círculos de activistas, de izquierda y anarquistas en el área de la bahía, no hubo luchas internas después del 27 de agosto. Los niveles sin precedentes de confianza y coordinación que se habían desarrollado entre varios grupos se mantuvieron firmes. En comparación con el intenso conflicto sectario que siguió a las espectaculares manifestaciones del movimiento Occupy y las diversas oleadas de rebeliones policiales en la bahía, la solidaridad revolucionaria del 2017 fue inaudita. Esta fue la verdadera victoria de las Batallas de Berkeley.

No hay vuelta atras

El emergente movimiento fascista que creció durante la primera mitad de 2017 ahora se caía a pedazos. Las victorias antifascistas en Charlottesville, Boston y Berkeley habían destruido los sueños reaccionarios de un movimiento popular de derecha que se unía en el primer año de Trump. Las diversas tendencias que habían convergido bajo el estandarte de la extrema derecha corrían ahora a cubrirse y culparse unas a otras.

En ninguna parte fue más claro que en DC el 3 de diciembre, cuando Richard Spencer, Matthew Heimbach, del Partido de los Trabajadores Tradicionalistas; el ex líder de IE, Elliott Kline; y otros líderes fascistas intentaron organizar una manifestación y se vieron obligados a cancelar su marcha cuando menos de 20 personas se presentaron. No habían logrado reavivar el impulso que los neonazis y los supremacistas blancos habían montado en 2016 y principios de 2017. La desintegración ha continuado en el 2018.

Sin embargo la lucha contra los fascistas y las fuerzas reaccionarias en los Estados Unidos de Trump está recién comenzando.

No hay vuelta atrás al tiempo de las puñaladas, el doxxing 4, poleras de Pinochet, memes de la rana Pepe, marchas con antorchas y asesinatos. Los movimientos que luchan por una liberación colectiva deben mantenerse duros y listos para enfrentar cualquier mutación fascista que aparezca en el futuro desde el pozo de la derecha. Esto es especialmente cierto para el movimiento anarquista en los EE. UU., ya que les anarquistas se han esforzado más que nadie para combatir el ascenso de la derecha. No podemos bajar la guardia; les compañeres deberán continuar priorizando la autodefensa individual y comunitaria en un futuro previsible. Muchos de estos fascistas radicalizados buscarán explotar futuras crisis para impulsar sus movimientos de formas nuevas e inesperadas. Es probable que otros activistas de extrema derecha intenten obtener posiciones de poder, sin duda ya importantes, dentro de la ley y otras agencias de seguridad. Los ataques de lobos solitarios y otras manifestaciones de violencia de extrema derecha seguramente continuarán.

Pero si la amenaza de un inminente movimiento popular de extrema derecha con una vanguardia fascista continúa retrocediendo, la política del antifascismo militante puede evolucionar. Esto es lo que pasa cuando ganamos.

No debemos olvidar que los fascistas aprovecharon las contradicciones inherentes al liberalismo y el elitismo de los enclaves liberales para ganar fuerza en el 2016 y el 2017. No debemos diluir el antifascismo a través de la política del «frente popular» hasta que nos encontremos a nosotros mismos defendiendo una forma más liviana de capitalismo liberal. Debemos defendernos tanto de la cooptación como de la agitación fascista. Las victorias de 2017 nos brindaron una breve apertura para recuperar el aliento y reafirmar la naturaleza profundamente radical de nuestra lucha por la liberación colectiva. Los revolucionarios imaginativos ahora deben liderar nuevas ofensivas en sus propios términos que nos acerquen a todos al mundo que deseamos construir.

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Notas

  1. La derecha alternativa es un grupo heterogéneo de corrientes ideológicas de extrema derecha quienes rechazan las posiciones progresistas que ha tomado sus pares conservadores en el poder quienes plantean una política aun mas fascista y/o neoliberal. En este paísito tenemos exponentes de la calaña de Axel Kayser, Henry Boys, José Antonio Kast Capitalismo Revolucionario, Movimiento Social Patriota, Acción Identitaria por nombrar alguno de estos nefastos personajes.
  2. Conocidísimo grupo de esclavistas y sumpremacistas blancos de principalmente el sur de EEUU
  3. Se hace esta mencion a los «sureños» ya que en la guerra civil estadounidense los estados del sur eran los esclavistas y hay un fuerte arraigo de esta nefasta tradicion entre muchos habitantes blancos de la región y que ostentan bastante influencia.
  4. Exponer la vida privada de personas por internet, en este caso imigrantes y/o antifascistas.